mayo 20, 2015

Frío y oscuridad

No fue casualidad que hiciera frío. Caminaba a dar clases -como cada día-, con el cabello a medio peinar, vestido de tela suave y sandalias cómodas porque era verano, pero sentía un frío invernal. De hecho, comenzó a llover. Era de noche, pero no era algo extraño para mi. Salí corriendo por una plaza desconocida, con una fuente en el medio y entré a un salón de clases. Mis colegas me advirtieron que hacía frío, como si no lo notara ya, y rogaron que me fuera a casa, que no había clases porque las bajas temperaturas hicieron colapsar varios sitios a punta de inundaciones. Cuando escampó y logré salir, sentí el agua helada en mis pies pero por alguna razón no quería correr ni refugiarme de nuevo. Eran como unas ganas incontrolables de vivir aquel momento en aquel lugar.

Por mi lado pasó un niño. Le acaricié el cabello porque lo confundí con el hijo de una vieja amiga. Cuando alcé la vista, ella venía directo a mi encuentro con su hermano al lado; iban agarrados de la mano, como siempre los había visto caminar. Ella me saludó, yo hice un gesto amable con la cabeza y sonreí a medias. No te miré ni te saludé; seguí caminando alrededor de la fuente de aquella plaza, con el corazón latiendo de modo inversamente proporcional a la lentitud de mis pasos. Luego, sentí que posaron un hielo sobre mi hombro: era tu mano. Tu mano congelada, no tenía dudas. Al voltearme, vi tu brazo extendido hacia mi, te vi sonreír como antes, mucho antes de todo, sonreír de verdad. Me dijiste "ven, acompáñanos... siempre lo hacías" y me excusé diciéndote que ese "siempre" se había terminado. Insististe y no pude contenerme: en esa realidad creí que todo era como antes, aunque sentía el frío, aunque seguía siendo de noche.

Debí haberlo sospechado, porque tanto frío en pleno verano y tanta noche en un día no era algo común. Te dije que me esperaras, que iría por un abrigo a mi salón de clases. Quería contarte tantas cosas, saber qué hiciste todo este tiempo, ponernos al día como dos viejos amigos que se encuentran después de años sin verse. Pero por más que corrí sobre el agua fría, por más que cerré los ojos queriendo retenerte, por más que el hielo en mi hombro no se derretía, el timbre del colegio y la alarma me hicieron abrir los ojos, el frío cesó con el edredón y la luz del día se mezcló con la pared blanca, devolviéndome a la realidad de mi vida sin ti.

abril 29, 2015

Bitácora del olvido

Hace rato que no escribo nada. Pensaba escribir "hace mucho que no escribo", pero en realidad he dejado alguna que otra frase o idea "suelta" en borradores, en cuadernos, en mi teléfono. Lo cierto es que hace rato que no publico. Todo el tiempo pienso en algo qué contar; aproveché el espacio en mi Instagram para extenderme en un par de anécdotas -algo que quiero seguir haciendo, pero no sé si tenga fotos suficientes-, pero no es mi idea concreta de contar algo, eso sería más como un bonus, un "mientras tanto".

Estoy haciendo un curso online de escritura (sería mejor decir de edición) y cada vez leo más artículos y anécdotas y blogs y páginas web porque los libros que estoy leyendo también los tengo en el abandono y en cada momento que dedico a leer, pienso "deberías escribir aquella historia que dejaste a medio empezar", porque estoy a medio empezar todo, nunca a medio terminar (esto es por la visión pesimista de las cosas, no lo siento).

Y cada vez escribo menos, pero cada vez sueño más. El otro día tuve un sueño tan real que estuve a punto de escribirlo para mi blog de "escritora" pero los detalles son muy personales y estoy en esa etapa en la que me da pena contar cosas personales, valga la redundancia. No me he olvidado de escribir, solo he dejado de hacerlo por alguna razón. 

Hay otro olvido que tengo pendiente, pero ese es más difícil. De hecho, parte de los tantos sueños que he tenido últimamente me han impedido llevarlo a cabo; al parecer, mi subconsciente quiere que perdure en mi memoria quién sabe hasta cuándo. Al principio, cuando fui consciente de ello, me desesperé y lloraba mucho, pero ya lo llevo con calma y le pongo limón y sal. Es duro, todavía es duro, ni siquiera la decepción me ha ayudado a dejar de sentir, pero vamos a paso de vencedores. Un paso a la vez, un pie detrás de otro, apartar las piedras una por una. Un trabajo de hormiga contra mi misma. 

Mientras tanto, sigo por ahí. En lo de antes, en lo de siempre; cada vez con más ganas de hacer cosas, pero con menos tiempo disponible. 

Todos saben que esa es la más común de las excusas.

Ejemplo del último párrafo: esta imagen es de hace casi dos años y la encontré ayer "por ahí".
¿Hay necesidad?

Me siguen los buenos