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junio 04, 2015

Servilletas a la carta

Señorita, perdone que la importune con esta humilde misiva, pero considero necesario aprovechar esta única oportunidad de valentía que me otorga el alcohol que hoy bebí -cosa que nunca hago- para expresar en estas pocas servilletas todo lo que hasta ahora he callado. 

Es cierto que usted no me conoce, ni yo a usted, pero he pasado cada noche de cada viernes desde hace un año contemplando su hermosa presentación en este mismo lugar desde el que le escribo -mesa 23, por si le interesa-. Desde aquí puedo escuchar la perfecta sinfonía de su voz al cantar, entre muchos otros, mi bolero favorito; puedo divisar el momento en el que se entrega a la melodía, cierra los ojos y toma el micrófono con ambas manos, evitando un escape imposible; pero debo confesar que el mejor momento de su actuación es cuando sube las rodillas y despega los tacones del suelo, alarga una pierna y la posa suavemente sobre la otra, como si no le pesara, exponiendo al público su perfil radiante. Esto, evidentemente, cuando canta sentada, que agradezco que sea la mayor parte del tiempo, porque cuando se levanta temo que mi corazón no resista un viernes más.

Me declaro irremediablemente adicto a su voz. Me parece oportuno aclararlo, dado que acabo de releer las servilletas anteriores y los halagos que allí describo no se dirigen precisamente a su calidad vocal. A estas alturas, ya no estoy tan seguro de entregarle estas servilletas; creerán que estoy solicitándole un repertorio demasiado extenso y me tildarán de abusivo e irrespetuoso con la dama que nos deleita.

Todo lo anterior es un preámbulo demasiado extenso para que mi mano izquierda tomara el valor de invitarle un café, o dos, ya que no se me da lo del alcohol y de noche ya la he visto suficiente, si me permite el atrevimiento de confesárselo de nuevo. Podría ser mañana o el domingo, si no entorpezco sus planes y sin ofender a su pareja o pretendiente, en caso de que exista. Me gustaría saber más de usted, de su día a día, observar lo que la miopía y la oscuridad del bar no me permiten verle. De nuevo me disculpo, sobre todo, por la verborrea que aquí expongo. Me despido informándole que le dejaré una última servilleta con mi nombre, el número de mi casa y mi dirección, por si acaso lo llega a necesitar. Esperaré con todo gusto su respuesta, que ojalá llegue.

PD: Disculpe nuevamente el atrevimiento, pero es que la acabo de ver salir y, señorita, sinceramente, ¡qué hermoso le queda ese vestido negro!

marzo 02, 2015

Una vez a la semana...

Te gusta el café hirviendo. Lo sé porque sale mucho humo de tu taza cuando te sientas en la misma mesa de la misma panadería todos los miércoles, y no esperas ni un segundo para llevártelo a la boca, probarlo y sonreír de medio lado mientras parpadeas una vez, lentamente. Creo que es una forma interesante de tortura, dado que una vez realicé tu experimento y pasé toda la semana con el labio superior de color rojo "natural". Dolió, pero por un instante y de cierta manera, me sentí cerca de ti. Tuya, para ser más específica.

No es mi culpa que hayas mudado tu perfección a mi panadería favorita, que te antojes de usar la mesa en la que siempre he planeado sentarme a leer "cuando tenga tiempo", que leas el periódico con las mismas ansias con las que me gustaría leer tus ojos, a la vez que paseas por sus páginas con la paciencia de quien no necesita nada más para vivir... 

Estoy escribiendo tonterías. Me disculpo por espiarte cada miércoles, no es mi intención, pero no he podido evitarlo y vaya que lo he intentado. Mi punto es que quisiera conocerte. Soy demasiado cobarde para acercarme y decírtelo, o para dejarte una nota o cualquier otro mecanismo que la gente común suele utilizar. No soy común, no sé hacer estas cosas. 

A veces me convenzo de que preguntaste por mi en la panadería y Norma te dijo todo lo que sabe, que es poco, pero lo suficiente para que no me pierdas la pista... que vivo dos edificios más arriba, que uso el Metro de lunes a jueves y el autobús los viernes, que los últimos miércoles desde hace tres meses uso vestidos y perfume, que no suelo peinarme y que no salgo sin reloj y que, por cierto, lo uso en la mano derecha aunque no soy zurda, porque no sé quién inventó esa regla de que los diestros tenemos que usar el reloj en la mano izquierda y viceversa.

Norma también sabe que escribo. Uno que otro domingo "cuando he tenido tiempo" me he sentado a escribir en la mesa en la que tú te sientas a leer. Seguro también te dijo eso. Además, no es difícil saber que tengo este blog -creo- y que todavía no he aprendido a no escribir sobre mi vida y también creí que te gustaría leer sobre ti y por eso escribo sobre ti. 

Me gustan tus manos cuando se aferran a la taza del café, cuando la sueltan para recorrer las líneas de las noticias, cuando acarician tus cabellos y cuando se posan en tu rodilla. Me gustan tus ojos cuando me miran, porque he notado que me miras. Me gustan tus corbatas, las coloridas, sobre todo. Me gusta que no uses lentes, porque odio los míos. Me gusta cuando tienes barba y cuando no la tienes. Me gustas. No sé tu nombre, pero tienes cara de tener uno que comienza por A. Me gustas, Andrés, Armando o Alfredo. Me gustas como te llames. Me gustas y como soy mejor escribiendo que hablando, lo escribo con la esperanza de que lo leas. M E G U S T A S. Lo siento. Me gustas. Es todo.

PD: No escapes los miércoles cuando llego. Gracias.

noviembre 24, 2014

Demasiadas veces

¿Cuántas veces son demasiadas veces? Creo que depende de si es bueno o malo. Lo bueno nunca nos parece demasiado, mientras que lo malo, si sucede más de una vez, nos agobia y nos hace creer que estamos condenados. Esto lo escribo desde el empirismo puro y duro. Lo pensaba el fin de semana, después de que me pasara "lo mismo" una vez más. Ya son tres veces. La tercera es la vencida, ¿no? Al menos eso dicen. 

Creo que algo (malo, ya quedó claro) es "demasiado" cuando te da igual, cuando deja de tener sentido, de importarte... cuando te pasó una y otra vez y lloraste y te dolió y no lo superaste, aunque digas que sí, y te pasa otra y otra vez y la reacción es más de desgano, de rutina, de conformidad... son demasiadas veces cuando ya no te crees víctima ni te sientes vulnerado/a sino parte del proceso... cuando lo aceptas y decides que la próxima lo harás mejor... cuando vuelves a aplicar la misma fórmula.

Debo confesar que he usado una misma fórmula desde hace años, lo descubrí esta vez y el primer paso para cambiar es saber qué hay que cambiar. Hoy creo que tres veces son demasiadas veces para una sola vida, hay piedras que tienen patas y hay que cortárselas para sobrevivir. 

Como mínimo, tengo que despejar otra incógnita, porque ya sé cuál es el valor de X. 

Tengo que avanzar.


PD: Me disculpan la alegoría con la estadística, estoy a punto de graduarme. 
#DiosMediante #Amén 

septiembre 02, 2014

Tengo deudas

A veces me da por leer lo que he escrito desde tiempos inmemoriales y hoy fue uno de esos días. Desde mis Pascualinas hasta este blog y el de Wordpress (que básicamente venía siendo lo mismo, porque hacía copy&paste), me di cuenta que todo lo que viví con Emmanuel no está en -casi- ninguna parte. Todas las "estupideces" que publicaba "en incógnito" eran por / para él*, no me da pena escribirlo, ni miedo, ni angustia de que alguien pueda leerlo y decirle que voy a escribir sobre nosotros... mejor dicho, sobre él en mi vida... o que lo lea él mismo, quién sabe, antes era "mi stalker oficial". Sinceramente, eso ya no me interesa, no me importa, no me afecta. Fueron siete meses intensos, quizás un poco menos, pero creo que logré despojarme del miedo y la decepción (entre otras cosas) que me impedían decir y/o escribir esos dos años como la buena historia que es, como esas anécdotas de la vida que sabes que no podrás olvidar, por más que quieras.

Miedo. No sé exactamente a qué le tenía miedo. En realidad, era miedo de mi misma, de lo que siento o sentía... de "descubrir" que aún seguía enamorada o algo así, de extrañarlo como lo hacía hasta hace un par de ¿semanas? ¿meses? ... ¿Acaso ha sido diferente alguna vez? La única diferencia con él es que pude tocarlo, abrazarlo y todas esas cosas que se supone que son normales en las relaciones sociales y sentimentales. Pero, en esencia, fue la misma mierda: me enamoré sola, ¡qué coño! Lo asumo, lo vivo, lo sufro y lo supero. 

Decepción. Una de las tantas veces que reflexioné en mi diario sobre cómo podía salir de "esto", recordé cómo había salido de las ediciones anteriores (sí, mi vida sentimental ha sido siempre igual, con sutiles diferencias) y supe que la decepción era la clave. Creo que él nunca lo leyó, pero es como si lo hubiera hecho, porque en ese escrito le pedía que me decepcionara para tener una excusa, porque soy así de cobarde, y lo hizo. Es -casi- todo lo que tengo que decir al respecto.

En alguna parte escribí que tenía mucho que contar. No mentía. Esas son las deudas que tengo conmigo misma, con Abbie para ser más exacta, porque ella merece tener respaldo escrito de sus recuerdos, de los momentos felices así como de los momentos malditos, los que la dañaron. Momentos que llenan y vacían su pozo, diría.

Hay ciertas cosas que aún no me he permitido hacer, precisamente por ese miedo que describo, pero no estoy apurada, dicen que hay que dejar que el tiempo haga su trabajo y yo estoy muy tranquila ahora, no pretendo que eso cambie por una foto o una canción... ni siquiera por este escrito.

PD: Tengo la sensación de que ha pasado mucho más tiempo del que en realidad ha pasado, "así de relativo es el tiempo" M.B.
*Sé que saben cuáles post eran por / para él, solo quiero creer que el hecho de no nombrarlo me daba un poco de privacidad. ;)

mayo 16, 2014

Confesión #6

Creo ciegamente en que todos tenemos un "pozo del amor". Ese pozo se llena y se vacía dependiendo de a cuántos quieres y cuántos te quieren a ti... hay gente que te llena el pozo y gente que lo vacía, por supuesto. A veces la misma gente que lo llena puede vaciarlo, porque no queremos ni nos quieren 24/7, hay días en los que detestas a esa persona que te hace feliz el resto de los días... es así, es ley de vida, es normal para mi. Todos alguna vez hemos pasado por eso.

Hay otras cosas que llenan el pozo: la música, las cosas que te gusta hacer, lugares a los que te gusta ir, gestos, instantes... y otras cosas que vacían el pozo como las peleas, uno que otro recuerdo, malos ratos inevitables del día a día, cosas así. Además, SIEMPRE se sabe cuándo el pozo se está llenando o vaciando, del mismo modo que sabemos quién lo llena y quién lo vacía, aunque nos hagamos los locos... 

Creo ciegamente que, a pesar de que hay factores externos que intervienen en nuestro pozo, somos nosotros los que decidimos cuánto se llevan de él... obviamente, también somos llenadores o vaciadores del pozo de los demás, así que hay que aprender a administrar. No dejemos que otros abusen, pero tampoco abusemos... todos queremos / necesitamos el pozo lleno. ;)

PD: Últimamente mi pozo está siendo llenado por la música y vaciado por recuerdos [entre otras cosas]. Este post es una prueba de que prefiero que siga pasando lo primero.

abril 03, 2014

Confesión #3, #4 y #5

No consigo tiempo para escribir [o no quiero conseguir tiempo] así que esto será una especie de recopilación de confesiones de los últimos meses...

Me reconcilié con el catolicismo. Algo así.

Seis meses me duró la crisis, ¿para qué voy a buscar lo que no se me ha perdido? Entendí que no tengo que estar totalmente de acuerdo con "las autoridades" ni con mis hermanos [de la religión] siempre que esté en paz conmigo misma y sepa que lo que hago y pienso está bien [o que por lo menos no daño a nadie], que no tengo que ir a la iglesia para hablar con Dios y que todo lo que hago siempre tiene un poquito de catolicismo, está en mi, ¿qué hago? Ahora, sigue en pie aquella lista de lo que sí creo [menos el punto 6, supongo que me dejé llevar por la sociedad ¿?], lo que me aleja del fanatismo religioso, que considero algo bueno... eso es todo, por ahora.

Soy una pseudo escritora mediocre. Eso ya es bastante decir.

Tengo un montón de ideas para escribir y no escribo nada. No llevo libretas ni lápices en mi cartera a diario, de vaina el kindle para leer y el teléfono -que no puedo sacar cruzando una calle para escribir una idea, algo que tampoco puedo hacer con la libreta- para que me localicen, porque en lo que a mi respecta, no me apetece localizar a nadie. Lo siento, esta etapa de mi vida es eremítica. He dedicado mi tiempo libre a leer [libros y Twitter, coño, no me juzguen], y debería tener un cuaderno, una hoja, algo donde pueda plasmar mis ideas según vaya leyendo, pero no... no sé qué me creo, la verdad. Por este camino no voy a poder inmortalizar mis grandes ideas. [JAJAJA ok no].

He practicado la estupidez desde enero de este año hasta nuestros días...

...quizás desde antes, pero bueno, dicen que los venezolanos somos de memoria corta. El punto aquí es que, por más que pienso, no olvido. Explico: mi consejo a todos los que "sufren" por alguien es "piensa en esa persona cada vez que quieras hacerlo, no te cohibas, tu mente en algún momento se cansará, se quedará sin recuerdos, sin instantes, sin eso bonito que tenías o creías tener..." bla, bla y BLA... amigos, les confieso que eso no es tan efectivo como creí... o es que mi mente traicionera no se cansa o es que viví muchas cosas que considero bonitas, pero NO SE CANSA. Es horrible seguir tus propios consejos. Pero nada, dicen que se necesita la mitad del tiempo que pasaste con alguien para olvidarlo... así que, sacando cuentas, me restan unos 9 meses y medio... un embarazo, pues.

Aprendí a no arrepentirme. Más bien a agradecerlo todo.

Esto no cuenta como confesión en sí, sino como extensión [o la redacción seria] de la confesión anterior: me di cuenta que siempre caigo en lo mismo -en lo que a sentimientos se refiere-, por lo que decidí darle la vuelta: en vez de preguntar "¿por qué?" y darme golpes de pecho, decidí agradecer a Dios, cada vez que puedo o recuerdo, por las personas que ha puesto en mi camino, por las que se fueron, por las que boté, por las que se quedaron y las que se devolvieron y por las que simplemente cruzaron en la primera esquina. Lo agradezco porque sé que no todos tomamos el mismo camino, que en ciertos tramos vamos acompañados de uno, dos o más personas pero que otros tramos nos toca solos, que no es más o menos difícil, que lo vemos así porque no tenemos con quien compartirlo o tenemos muchos "distractores", respectivamente. Todas las noches sonrío por los buenos momentos, y esto lo escribo con un nudo en la garganta porque debo decir, en honor a la verdad, que también lloro porque sé que no volverán. No es el fin del mundo, lo sé, como también sé que viviré muchos más y mejores momentos de lo que he vivido hasta ahora, pero como dice Sara Bareilles en el himno que adopté: "I'll be alright, but just not tonight..."

Los amorosos andan como locos 
porque están solos, solos, solos, 
entregándose, dándose a cada rato, 
llorando porque no salvan al amor.
Los Amorosos
Jaime Sabines

octubre 20, 2013

Confesión #2

No tengo religión. 

Algo que ya saben algunos amigos, pero extenderé el cuento.

Y no creo que la necesite, pero por si acaso, estoy leyendo un poco de todo a ver si algo me convence: debo dar gracias a Doña Wikipedia, aunque sé que necesito más fuentes. Además, eso incrementa mi bajo porcentaje de cultura general al respecto.

Básicamente el cuento es así: crecí bajo el catolicismo, como la mayoría de la gente que conozco, me bautizaron, hice la primera comunión, etc., etc., pero desde que tengo uso de razón, mi familia ha "coqueteado" con prácticas que el catolicismo rechaza: santería, espiritismo, etc., lo que hace un tiempo me hizo pensar que nuestras "bases" religiosas podían ser seriamente cuestionadas y obviamente no son bases tan sólidas como pensaba y que, por supuesto, me alejó de ser una persona religiosa (practicante, mejor dicho) porque:

1. No me gusta la santería ni lo de espíritus que "poseen" a las personas.
2. Al menos la mitad de los católicos me parecen hipócritas y esa cifra aumenta si hablamos de las autoridades (curas, monjas, etc.).*
3. No me impusieron ninguna de las anteriores, es decir, en ese aspecto soy libre y decidí ejercer esa libertad. Fin del cuento.

Debo aclarar mis creencias, por supuesto, que aún no tengo completamente claras porque tanto mezclote me ha confundido, aunque sinceramente creo que Dios debe estar doblado de risa con esta licuadora religiosa:

1. Creo en Dios.
2. No creo en Jesús ni en la virgen ni en todo el cuento que escuché en todos los años de estudio en colegios católicos... así como leo un libro y sé que no todo es literal ni todo es absolutamente cierto, bueno, así.
3. Creo que Dios no castiga: puede ser que en este punto esté mezclando creencias, pero usted no puede hacer algo que dañe o perjudique a otro y salir limpio y/o libre de males... el mundo es redondo, las acciones le dan la vuelta. (Karma, que le llaman, ¿no?)
4. Respecto al karma, no creo en el infierno: lo que aquí haga aquí lo paga... aunque no siempre se corresponda la magnitud de los hechos.
5. Creo que todos vivimos con mezclas de creencias y que eso es totalmente válido: muchos países del mundo han separado las leyes humanas de las divinas, donde unas contradicen a otras... y Dios no ha acabado con el mundo por eso.
6. Creo que no es necesario vivir bajo una religión... pero el mundo no cree eso. No sé si en algún lugar del planeta ya estén asesinando ateos o algo, pero puede ser.

Vamos a dejarlo hasta aquí, quizás siga con la lista en otro momento. 
Después de todo esto, creo que nunca podré practicar una religión.
Cierren el confesionario, por hoy.

*En algún momento escribiré mis opiniones al respecto de todo lo que se refiere a mi antigua religión. (¿Se dice así?)

PD: Se aceptan fuentes de información. Todo conocimiento es bienvenido.

septiembre 05, 2013

Creo en el amor*

Creo en las miradas brillantes. Creo en los besos bajo la lluvia. Creo en la sonrisa que delata la ilusión. Creo en las caricias sanas... y las no tan sanas. Creo en las cartas de amor. Creo en los detalles como el agua que riega el amor. Creo en el suspiro como instrumento para demostrar felicidad, nostalgia de los buenos tiempos, deseos reprimidos y liberar los besos abandonados a la deriva de los labios. Creo en las despedidas pero sobre todo creo en las bienvenidas. Creo en la luna como el lugar de encuentro de las miradas enamoradas. Creo en los besos de todos los colores y sabores. Creo en las mordidas de labios. Creo en el amor antes, durante y después. Creo en el sexo y creo aún más en el sexo con amor. Creo en las vidas pasadas y en las próximas, donde te he encontrado y donde te voy a encontrar. Creo en esta vida porque tú me haces creer en ella. Creo en el conejo de la luna. Creo en las nubes para vivir, para viajar, para amar y para nunca caer, aunque suele suceder. Creo en las canciones como historias de amor escritas en sinfonía. Creo en los finales felices y en los infelices porque dan pie a las bienvenidas. Creo en las alas que nos regalan las ilusiones. Creo en las voces que te nombran. Creo en las mariposas que habitan en mi estómago, aunque a veces las vomite.

*Ciertas condiciones aplican.

julio 19, 2013

Confesión #1

Soy una doña.

Esta es formalmente mi primera confesión en este rancho. Soy una doña, pana, soy una fucking doña (y de las solteronas, además) me falta que si el pañuelo y el bastón... pero todo lo demás te lo tengo. Por ejemplo: veo gente haciendo cebo y pienso "en mis tiempos..." ¡PERO SI "EN MIS TIEMPOS" FUE AYER! (y también pasaban esas cosas). Un poquito de por favor.

Es triste que mi primera confesión formal sea que soy una vieja... ya me da miedo tomar ron (o vodka, o anís, o el mayor temor: tequila) por 1. la gastritis* y 2. no voy a valer medio por lo menos hasta la semana siguiente... porque el ratón ya no me dura medio día, ¡no, Señor! It's too mainstream. Mínimo dos días, y paso medio mareada el resto de la semana.

Claro que tengo un punto a favor: sigo rumbeando, ¡JA! Dos veces... al año... eehh... quizás tres... pero no en esos antros donde me la pasaba que uno no podía ni sentarse y que tenías que desvestirte para que te dejaran entrar... ahora voy que si en cholitas y jeans o en converse... (hola, ya uso converse, ¿se acuerdan cuando no? Yo sí) ...confesión 1.1: estoy exagerando.

Pero nada, vale, soy una doña, básicamente porque antes no me daba ni coquito y ahora no salgo de una gripe, una migraña, una verga... no, una verga no... ¡qué triste, joder! :(

PD: El ratón es directamente proporcional al tiempo que tengas sin tomar, CALCULA TÚ.
*O los médicos nos mienten al decirnos "la gastritis se cura" o algo estoy haciendo mal.

julio 09, 2013

No puedo escribir

La genialidad me da por segundos. Decir "genialidad" es un subjetivismo arrechísimo, básicamente porque no escribo genialidades, no soy genio, pero vamos, que alguien tiene que creer en mi y si no soy yo...

La genialidad me da por segundos, repito. De repente me despierto a las tres de la mañana con una idea y tengo que escribirla para poder seguir durmiendo... pero no todas esas ideas puedo -o quiero- publicarlas aquí, además tampoco es que son muchas. Lo cierto es que he perdido esa facilidad para sentarme -o acostarme- y escribir algo que me guste.

No publico escritos que no me gusten. Quizás después no me gusten, pero en su momento me gustó y lo publiqué. Bueno, ya eso no me pasa. No puedo escribir y no sé por qué. Mejor dicho, no puedo publicar y no sé por qué. Hay muchas cosas que quisiera decir pero para qué, si ya maduré y lo digo de frente, para qué, si sería repetir lo que ya he dicho, para qué si mis desahogos son míos y ya no siento ganas de que los demás los lean.

Tengo escritos geniales, pero son personales, muy personales, tanto que son exclusivos de alguien porque tienen vivencias, experiencias, chistes internos y ese es el punto, ya no puedo hacer que un escrito sea universal, ahora todo se lo escribo a alguien (alguien genérico, no siempre es a la misma persona), ahora todo tiene un sello personal, una anécdota que no entenderían pero que para mi tiene un gran significado sentimental.

Antes podía escribirle a alguien y hacerlo "sonar" genérico... pero perdí esa capacidad. Y me preocupa. :(

abril 21, 2013

Merienda de locos


Agradezco cada día de mi vida el hecho de tener la mejor familia que se puede escoger: mis amigos, con sus altos y bajos, sus triunfos y fracasos, sus aciertos y desaciertos, sus virtudes y defectos, sus vidas en general. Le doy gracias a Dios por eso, porque creo en Él y sé que los puso en mi camino porque sin ellos no hubiese podido ser lo que soy, hacer lo que hago, pensar como pienso, vivir como vivo, sentir como siento lo que siento.

Los amigos son grandes tesoros y, más allá de querer venderlos porque soy consumista y capitalista, los tengo en una caja fuerte hecha de celos y que abro a los demás si les tengo confianza, si demuestran cariño y jurándoles un par de coñazos si les hacen daño o los alejan de mi. Mis amigos, aunque no lo digo nunca, son lo mejor que tengo, lo único que tengo en este momento, porque mi familia sanguínea siempre la he tenido y siempre la tendré; mis amigos están aquí por decisión propia y porque yo los dejo estar. 

La amistad es como la mesa de té de Alicia en el país de las maravillas: una merienda de locos donde nos invitan a sentarnos y escogemos hacerlo o no; donde cabemos y donde disfrutamos todos, donde reímos, donde lloramos, donde celebramos todos. Mi mesa del té tiene a los mejores invitados que la vida pudo dejarme sentar allí, aunque algunos de ellos no concuerden con otros, todos están en esta mesa por y para mi y no hay palabras ni acciones ni regalos que puedan describir o demostrar el agradecimiento.

Hay días -como hoy- en los que recuerdo que tengo mi merienda de locos y me refugio en ellos, echo mi cuento y, aunque muchos "estén en otra onda" me escuchan y si es de llorar, lloramos sobre las tazas y luego nos tomamos las lágrimas 'cagados' de la risa; si es de reír, reímos hasta babearnos y bueno, no nos tomamos eso, la locura a veces tiene límites.

Amigos locos, cuerdos, serios, payasos, divertidos, amargados, difíciles, fáciles, enamorados, empepados, embobados, leales y fieles todos, mi merienda de locos personal: por aguantarse mis "días como hoy" gracias totales. 

PD: Reclame su cotillón al final de la jornada.
[Ciertas condiciones aplican]

PD2: Agradecimiento especial para Andrés en la merienda de hoy.

Me siguen los buenos